El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad se ha convertido en uno de los problemas más acusados de la sociedad contemporánea. Este problema comienza a presentarse antes de la adolescencia y está vinculado directamente al trastorno bipolar.
Tanto en la niñez como en la adolescencia, están condicionadas negativamente por este trastorno, repercutiendo en la personalidad del individuo, pudiendo incidir negativamente en él; por ello además de la ayuda psicológica y medicinal, es muy importante tener en cuenta la alimentación, aunque lo ideal es asesorarse de la ayuda de un profesional.
Al principio del tratamiento, se suprimen medicamentos como la aspirina y algunos alimentos ricos en salicilatos -manzanas, almendras, tomates, maíz, trigo, soja, lácteos, huevos, cítricos o frutos del bosque- y son sustituidos por peras, plátanos y anacardos, que poseen menor riesgo de alergias e intolerancias. Los alimentos eliminados se reintroducen gradualmente.
También se deben evitar: los colorantes artificiales, los potenciadores sintéticos del sabor, el aspartamo -edulcorante artificial- y los conservantes sintéticos BHA, BHT, TBHQ -derivados del petróleo-.
Algunos estudios han demostrado que eliminar de la dieta los alimentos que provocan alergias y los que contienen aditivos, puede ayudar a los niños con problemas de atención.

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